agosto 7, 2012

La Melancolía masoquista: Lars von Trier versus los cinéfilos

¿Qué son, qué somos, los fieles seguidores de la cinematografía de Lars von Trier, sino una tribu de incurables masoquistas? ¿Qué ganas de meternos a una sala, por mucho que hayamos elegido nuestra butaca, y el aire acondicionado haya estado a todo lo que da, para angustiarnos, sufrir, pasárnosla de la fregada?

A este comentarista lo infectó para siempre e incurablemente Rompiendo las olas (1996), y lo abofeteó inolvidablemente Dogville (2003) y -¿qué sentido tendría negarlo a estas alturas?- aún no digiere del todo Anticristo (2009), porque seguramente éste, como cualquier otro filme del autor danés, papá del Dogma 95 (sí, esa cámara temblorosa con pretensiones de verosimilitud, entre otros rasgos) no es, vaya chabacanería de nuestra idea del consumo de productos culturales, para ser “digerido”.

Melancolía (2011), que recién tiene su corrida comercial en México, es una inquietante colisión entre drama y ciencia ficción. Melancolía en los personajes y en el firmamento, en forma de planeta tan seductor como amenazante. Un relato dividido en dos capítulos titulados como las hermanas que lo encabezan: “Justine” (Kirsten Dunst) y “Claire” (Charlotte Gainsbourg). El primero es una agria y brutal representación de una boda (algún comentarista anglosajón le llamó “Festen en esteroides”, en recuerdo de la descarnada celebración –ja- familiar escrita y dirigida por el también danés y dogmático Thomas Vintenberg). Una fiesta tan suntuosa como dolorosa. Una patraña. Un absurdo. El segundo capítulo muestra los días apesadumbrados de un indeseable microcosmos burgués en el menos deseable contexto de la inminencia del apocalipsis. Puro pesimismo marca Von Trier.

No, está muy claro que el cine del danés no es para sentirse bien. Melancolía angustia, incomoda, se padece, se vive, se siente. Aciertos del argumento, del guión y, ante todo, de las actuaciones y la dirección. Seducción magistral del autor que nos sitúa en el ojo del huracán; peor aún: en el fin de mundo. Dunst se llevó a casa un palmarés de Cannes, pero todo el elenco está impecable. Kiefer Sutherland como el esposo, el padre, el cuñado que dice con la actitud aquí no pasa nada, hasta que ya no se atreve a ver lo que pasa. Charlotte Rampling como una madre sin madre, brutalmente salvaje, asertiva, despiadada.

Melancolía es, también, una brillante puesta en escena que recuerda lo que siempre ha podido ser el cine, el arrebato visual de lo impensable, sea deseable o no. Un portento. Feel good movie no es. ¿Será la tierra un planeta perverso, como lo dice la melancólica Justine, ya cerca del final? ¿Será la obra de este desbocado declarante, ave de tempestades, una llamada de atención, un la vida es frágil, un no somos nada, un la existencia es trágica la mires como la mires, un te has detenido a pensar que en cualquier momento todo podría detenerse? Von Trier pisotearía cualquier interpretación. Pero –y éste es comentario de fan, de fanático- si Richard Wagner y Arthur Schopenhauer hubieran tenido a la mano técnica e inspiración cinematográfica, tal vez se hubiesen atrevido a imaginar una pesadilla como ésta, con la que el cineasta nórdico, una vez más, sacude al respetable. Cinéfilos masoquistas, no se abstengan. Público en general, agradezca que aún hay mundo al salir de la sala y pagar el boleto del estacionamiento. –Jordi Torre

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Un comentario a “La Melancolía masoquista: Lars von Trier versus los cinéfilos”


  1. ¿no tienen críticas?

    Hola, la entrada anterior está bien como comentario de blog de una persona que le gusta ir al cine. Sin embargo me pregunto si no tienen un espacio en el que se analicen las obras cinematográficas de una forma más profunda. Les agradezco la respuesta.

    Responder

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