junio 25, 2012

¿Qué fue de Girls?

Nota: Pocos días después del estreno de Girls, escribí una reseña que fue atacada, entre otras cosas, porque Girls me parecía una serie superficial (idea que retomo). Sí creo que Girls merece más que un comentario de expectativas, aunque sí respondí el comentario en su momento. A pocos días después del final de temporada, espero que este texto sea un complemento y una nueva reflexión para que continúe el diálogo.

Hace más de dos meses que se estrenó Girls. Como la mayoría de las personas que sabían de la serie antes de su estreno, la esperé con muchas esperanzas, ya que era el nuevo proyecto de Lena Dunham y sentía curiosidad por ver un trabajo de la cabecilla de una nueva generación de escritores. Dunham no tenía más de 25 años cuando Tiny Furniture (2010) sorprendió en la escena del cine independiente y Girls, con la bendición de Judd Apatow y el talento natural de Dunham no debía ser diferente. Y quizá ese es el problema. Dunham es muy Dunham, no existen cambios importantes entre Tiny Furniture y Girls. Ni siquiera Woody Allen (el repetitivo, el de los lugares comunes, el arquetipo), es tan tibio en sus cambios.

La atracción principal de Girls no es su premisa, que, como ya había dicho, es bastante superficial. Un recorrido a lo largo de la temporada hace obvio que la serie no es sobre buscar trabajo y sobrevivir en la jungla que es New York. Es sobre ser la generación actual, y las pretensiones de Hannah (la protagonista, también interpretada por Dunham) nos lo hacen saber desde el inicio: si no es una serie sobre la generación actual, al menos es una serie sobre una generación de clase media alta, cuyos problemas no van más allá del vacío material, el desconcierto intelectual y la necesidad emocional. No hay ningún riesgo en que Hannah no consiga (o mantenga) un trabajo, ella no acabará en la calle y ni siquiera hay una posibilidad seria de regresar al hogar familiar.

Las virtudes de las serie son más amables y, por fortuna, salvan a Girls de sus propias ambiciones (no presentarse como un Sex and the City para veintañeros, por ejemplo). La evolución de los personajes es de lo mejor, ya que todos son presentados en un punto y en cada capítulo hay un cambio interno, que desemboca en nuevos errores y aciertos. Hannah, por desgracia, queda en el mismo punto en que empieza, pero el resto de los personajes crecen y establecen una empatía con el espectador.

Girls no ha estado libre de críticas positivas y negativas, es difícil tener una opinión tibia al respecto. ¿Girls cumplió con todas las expectativas? No. La crítica fue, con cada episodio, menos condescendiente (incluso se cuestionó la poca diversidad cultural de los actores, asunto que parece “arreglarse” en la segunda temporada con Donald Glover). El argumento principal se pierde, Hannah se convierte en un personaje incompleto y eso lo mejor que podría pasarle a la serie. ¿Qué nos deja la primera temporada?  Un puñado de personajes bien trabajados, con sus filias y fobias, y una Hannah poco dispuesta a cumplir la meta de una generación: ser la voz. —Joaquín Guillén Márquez (@joaguimar)

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