mayo 14, 2012

Una separación: cuando el deber gana

El filme del iraní Ashgar Farhjadi es un retrato de la clase media de Teherán que ahonda en la religión, burocracia y trato a la mujer. Los silencios, el tráfico y los velos que cubren el rostro de las protagonistas nos brindan un vistazo a un país que en el que el clasismo prevalece.

La mayoría de las críticas de Una separación, ganadora al Oscar como Mejor película extranjera, han ahondado en la relación entre Simin (Leila Hatami) y Nader (Peyman Moadi), la pareja que tras más de 15 años de matrimonio desea separarse. Sin embargo, poco se ha dicho sobre el hombre senil al que ambos deben cuidar, el catalizador de esta historia, y quien trae a escena al matrimonio compuesto por su cuidadora y esposo, pareja que también anhela una separación. Pero es justo en el abuelo, en quien reflexiono.

Cuando mi abuela materna empezó a manifestar los primeros síntomas de demencia, mi madre debió cubrir con cartulinas negras los espejos de su casa. Cada vez que mi abuela veía su reflejo creía que miraba a su hermana menor, con quien siempre se peleaba. Así, los años pasaron, la enfermedad mental empeoró y mi abuela pasó los últimos cinco años de su vida postrada en una cama. La abuela de mi adolescencia, aquella no podía hablar ni moverse, aquella a quien nadie quería cuidar y por quien todos se sentían medianamente culpables, regresó a mi memoria tras ver el filme iraní.

El que los abuelos desarrollen algún tipo de enfermedad mental que merme su independencia no es algo que se refleje fielmente en dramas románticos al estilo Diario de una pasión; por el contrario, la enfermedad equivale a años de reflexión, de pérdidas e impotencia. Simin se ve en la necesidad de elegir entre lo que es mejor para su  esposa y lo que su padre requiere, y su predicamento no tiene una solución sencilla.

Farhjadi retrata con honestidad –a veces con descaro– esta disyuntiva. Cuando Nader enfrenta a su esposa, quien le cuestiona por qué no piensa en el bienestar y futuro de su hija, ¿podemos juzgarla?

Dejar a los padres en un hogar para la tercera edad suele ser un sinónimo de crueldad, de falta de agradecimiento. Las historias de horror en las que el personal abusa de los abuelos son comunes, pero lo mismo puede pasar en una casa. Los hijos, los nietos, las enfermeras privadas también pueden abusar de los enfermos—y en Una separación vemos un claro ejemplo.

En mi temprana adolescencia me daba terror el imaginar que la misma enfermedad que consumía a mi abuela estuviese  guardada en mi código genético; y ese terror se convirtió en indiferencia. No juzgo las acciones cometidas por los personajes de la película, pero el eje temático va más allá de la gastada relación matrimonial o del papel que juega la mujer en Irán.

Las parejas con hijos adolescentes que además deben –o quieren– cuidar a los abuelos enfermos abundan, y el impacto que esta relación tiene tanto en el matrimonio como en los nietos rara vez en retratada en el cine. Farhjadi lo hace de forma magistral. –María Gabriela Muñoz (@littlemsmunoz)

 

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Un comentario a “Una separación: cuando el deber gana”


  1. Eva Sifuentes

    Gracias por escribir este artículo. Yo por leerlo ahora quiero ver la pelicula.