abril 3, 2012

Sobre el final de temporada de Californication

La quinta temporada de Californication (Tom Kapinos, 2007), serie focalizada en Hank Moody (David Duchovny, el memorable Fox Mulder en The X-Files), escritor de mediana edad, y  en aquellos cercanos a él, ha llegado a su fin. Hank Moody, después de un exitoso libro ficcional (God Hates Us All), sufre un bloqueo de escritor que se vincula a su estadía en California. La primera temporada de Californication establece claro las adicciones sexuales y alcohólicas de Hank Moody y, desde ahí, se construye una trama que puede resumirse en la búsqueda por un retorno al pasado. No es fortuito que una de las grandes insistencias de Hank Moody sea rogar por un regreso a Nueva York, donde él podía escribir y su familia era unida. Después de muchos problemas, la vuelta al infierno Californiano es bien recibida.

Me da gusto que Californication respire nuevamente. No es que las temporada pasadas sean malas, pero la escritura no fue el motor de los sucesos (casos aislados: la intención de escribir la biografía de Lew Ashby –una bella adaptación moderna de The Great Gatsby– y la batalla legal por la autoría de Fucking and Punching). Es cierto que no vimos a Hank preocupado por el acto de escribir, pero sí encontramos la frustración de no poder hacerlo y, peor aún, descubrir que la edad de oro se ha ido.

La inclusión de Tyler (interpretado por el joven Scott Michael Foster) tiene mucho que dar, por ser un reflejo, una versión corregida, de Hank Moody. Los episodios que giran en torno a Samurai Apocalypse son estereotipados y pueden llegar a ser aburridos, pero todo se compensa por el soporte que dan personajes ya familiares a los espectadores, como el inmejorable bufón y héroe Charlie Runkle.

En general, la quinta temporada de Californication es agradable. No novedosa o escandalosa, como en sus inicios, y ciertamente no tan buena como su segunda temporada. Hay personajes que no terminan de encajar, pero el episodio final, “Hell Ain’t a Bad Place to Be”, logra mezclar y dar desenlace (de una manera nada ridícula, como temí que podría pasar) a cada arco narrativo. Los momentos finales nos recuerdan que Californication no es una serie sobre sexo o alcohol, tampoco es necesario que Hank Moody sea un escritor. Californication es, como Fitzgerald nos  recuerda, una historia de amor. Falta tiempo para la sexta temporada y creo que es momento de ir cosechando un final. ¿Cuánto más podría durar? La eventual caída de Hank Moody está por verse. –Joaquín Guillén Márquez (@joaguimar)

 

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