septiembre 29, 2013

Elysium, la ciencia ficción como crítica social

Fernando Bustos Gorozpe
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Dentro de la gran oleada de cine de ciencia ficción catastrófico que habita Hollywood, Neill Blomkamp ha sabido diferenciarse, pues desde su ópera prima District 9 (2009), el director mostró que no estaba interesado en cubrir el mismo perfil que se ha trabajado en los últimos veinte años (por lo menos) marcando una cesura temática. District 9 significó rompimiento y retorno, pues Blomkamp utilizó la ciencia ficción para hacer una crítica social (al Apartheid) como de principio se hiciera con Metrópolis (1927).

Su más reciente filme, Elysium, es muestra de una firme línea de trabajo que el director ha emprendido. La cinta futurista que expone una fuerte división de clases sociales, y que surgió a partir de una mala experiencia que el cineasta pasara en Tijuana, representa una fuerte crítica al sistema neoliberal que en su construcción de un esquema de ‘vida mejor’ ha terminado por excluir al otro que no comparte la misma forma de vida ni ideología.

En este futuro distópico que Blomkamp plantea en Elysium, la Tierra se muestra como un lugar sobrepoblado, polvoso y superlativamente precario, todo se muestra en desorden y emula a la peor imagen de una favela (estas escenas se filmaron en Ciudad Neza e Iztapalapa). Aquí, viven todos los que han permanecido rezagados del sistema y que, claro, son pobres. Los ricos, se han ido a vivir a una estación espacial que recuerda a la película de Wall-E (2008), una estructura fina que en su interior alberga mansiones, jardines espectaculares y camas médicas Versace que curan cualquier enfermedad. La clase alta por fin se ha mudado a un anuncio de espectacular.

El punto medular de la historia circunda a Max (Matt Damon), un obrero con ascendencia latina y tintes mesiánicos que de niño aspiraba a vivir en Elysium. Un tipo con buenas intenciones y trabajador que siente molestia ante la policía robotizada que vigila todas sus acciones como si fuera un criminal sin si quiera haber apertura al diálogo (esto, quizá como crítica a la policía en general). Lo que detona en él la figura del héroe es un accidente que sufre, Max queda encerrado en una cámara expuesto a una radiación que lo condena a 5 días de vida, y aunque en Elysium existe una cama de salud en cada casa, en la Tierra esto no es una opción para tratar enfermedades, el tema de salud tal como en la vida real, se ha vuelto un problema económico donde los pobres son los afectados, pues asignar un precio monetario a la salud atenta contra lo mínimo de la dignidad humana: la vida. Max quiere vivir.

La problemática de la migración expuesta en la cinta, se da a partir del tema de salud, la gente de la Tierra quiere llegar a Elysium, principalmente, para curar padecimientos. La similitud entre esto y el problema de la migración que se da de América Latina hacia EEUU es evidente, las naves en que los ciudadanos de la Tierra intentan llegar a la estación espacial hace pensar en los camiones llenos de indocumentados intentado cruzar la frontera, por supuesto el gobierno de la ‘elite’ no lo permite. Blomkamp lleva el problema migratorio al futuro de manera radical. Ya no es la nacionalidad lo que separa e identifica a los humanos. Ya no basta con construir un muro y llenar la frontera de policía con ínfulas racistas, aquí la solución es el extremo: mudarse del planeta.

El director sudafricano se regocija en una estética propia y realista que discrepa del cine futurista en general pues muestra siempre dos caras de la tecnología venidera: la que usa el común de la gente (la de bajos recursos) donde los objetos (aún cuando suponen un avance desde nuestra historicidad) se muestran rasgados, con mucho uso y en tonalidades pesadas; y la que sólo está a disposición de los habitantes de Elysium, objetos minimalistas y funcionalistas a la Jonathan Ive o Dieter Rams. La incorporación de las grandes marcas a este universo es un atino pues queda expuesto el papel que éstas han terminado por adoptar con relación a la sociedad como una extensión del individuo, y que vislumbra el probable futuro que tendrán cuando abran sus mercados y diversifiquen su producción, tal como se muestra en la película Idiocracy (2006) con la figura de Costco.

Elysium es propositiva y buena pero no mejor que su antecesora District 9, no logra superarla; esto porque algo falla con la línea argumental que termina perdiéndose entre una historia de amor y un mito mesiánico visto desde el paganismo a la distancia. La cinta sirve para refrendar la visión del cineasta y las posibilidades de grandes películas que él representa. El filósofo esloveno Slavoj Zizek ha mencionado en diferentes medios lo fácil que se ha vuelto pensar el fin del mundo desde el cine pero no el del capitalismo, Blomkamp parece ser una opción para hacer frente a tal desafío.

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